E-girls: el trabajo de buscar la monetización entre fetiches y simps.

¿Simpeas a una e-girl? Tal vez creas tener una idea clara de qué es una e-girl, pero si lo piensas un poco estarás de acuerdo con que muchas veces simplificamos este concepto. De ser solo una abreviación, también puede representar una evolución de las tribus urbanas de antes, pero ahora en el entorno digital. Por supuesto, no deja de ser una etiqueta para referirse a los miles de mujeres que se autoproducen para buscar la monetización de sus contenidos en el mar de fetiches y simps que inunda internet.

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La economía de una e-girl, de la contracultura a la monetización.

La tendencia de las “electronic girls” o e-girls explotó hace un par de años, potenciada por Tik Tok e Instagram, a la que muchos redujeron a una simple comparación con la moda emo, como si esta hubiera sido trasladada a las nuevas plataformas digitales; lo cierto es que también se usó para defender una postura anticultural, adoptando “lo distinto” o lo diferente como identidad, a pesar de que con eso alimentó un nuevo estereotipo, el de la “única y diferente”.

Mediante un perfil muy preciso, miles de chicas crearon así una subcultura juvenil aprovechando la popularización de esos canales digitales. Aunque el término ya tenía rondando al menos una década por la red, fue hasta 2019 que la etiqueta empezó a usarse cada vez más en esas redes para referirse a la estética de chicas con un maquillaje cargado, ojos delineados, piercings, así como una indumentaria en capas.

La e-girl fue concebida como una anti influencer, o una influencer de contracultura, como una respuesta para atacar a la corriente de exageración de la cotidianidad que domina Instagram. En otro sentido, es un gran fenómeno que pone en evidencia una tendencia que busca monetizar hasta el último resquicio de nuestra humanidad.

Una e-girl puede presentarse como una chica que consume videojuegos, anime y tiene cierta estética inocente, pero lo que la define es su presencia en línea, ya sea haciendo streams en Twitch o Facebook, y generalmente se encumbrará como una verdadera e-girl una vez que consiga una base sólida de simps.

Además, algunos de los rasgos con los que sus detractores las identifican son su afición al anime, el yaoi, el funar, el “quedé”, la supuesta depresión y ansiedad fingida, la creencia en horóscopos, presumir que se drogan o que son satánicas.

Lo cierto es que es necesaria una autoproducción, que la e-girl invierta en sí misma y capitalice esas inversiones, porque al final son parte de la economía de los microservicios, en una variante donde se busca todo tipo de formas de monetización de las personas, además que el pago no necesariamente es en dinero, sino en exposición, en alcance, en fama, y rodo tipo de social awareness

Para que todo esto funcione, la e-girl debe pensar en ella como un activo de inversión y autoproducción, para acceder a valores que muchas veces van más allá de lo monetario, como se acostumbra en el mercado laboral tradicional. Las e-girls tienen que producirse a sí mismas para ganar dinero por prestar estos microservicios a través de su computadora o smartphone.

No solo es vender un aspecto sexual de las e-girls, aunque en el fondo podría parecer que sí, ya que en estas comunidades hay distintos perfiles, desde la tiktoker a la gamer, la emo, la artista o la modelo, sin despegarse demasiado de esa aura kawaii, con la que los simps fantasean en sus delirios fetichistas.

Fotografía: instagram @eve.frsr

Entre fetiches y simps.

En realidad, podemos partir de distintos enfoques, como las e-girls que se dedican a jugar en línea y que se les puede encontrar haciendo streams en Discord o en Twitch, que envían o venden nudes o fotos eróticas; la diferencia entre cualquier chica que sea fan de jugar videojuegos con una e-girl es simplemente que la e-girl pedirá dinero o se venderá de alguna manera para obtenerlo.

¿Qué tanto se manifiesta el fetiche del gamer y el simp empedernidos por encontrar a la chica de sus sueños, tal y como la imagina, dándole rasgos de personajes que habitan el mundo del gaming? ¿O es más la astucia de una chica cualquiera que ve una oportunidad de explotar un mercado, o que genuinamente gusta de los videojuegos y no deja pasar la oportunidad de monetizar esa afición?

También podemos pensar el término e-girl como una categoría más amplia, en la que se tocan las fronteras de distintos mundos, como el cosplay, el manga, lo gótico, el estilo “lolita”, entre otras representaciones fetichistas que inundan el mercado en línea.

Como te contamos en otro artículo, el simp está solo y urgido, y la e-girl necesita atención y dinero, e incluso muchas de estas chicas brindan compañía en línea y existen sitios para contratarlas solo para que jueguen contigo. Incluso en plataformas como Fiiver ya existían servicios de chicas que se rentaban para hacer compañía a los gamers.

Se trata de las e-girls desde una perspectiva selfish, desde lo personal hasta lo laboral. Producen con un enfoque de mercancía distintas facetas de su personalidad, para ofertarla en las redes sociales, y hay cada vez más personas deseosas de esta proximidad. Basta recordar el caso de la influencer que vendió el agua de su bañera en pequeños frascos por un precio exorbitante, que los simps pagaron sin chistar.

Este llamado a ser tu propio jefe parece una fantasía implantada en las chicas con estos perfiles, porque da igual la red social que usen, los testimonios de los problemas psicológicos y de salud mental que crea este multitasking son explícitos. Es paradójico que se haya priorizado el perfil a la personalidad; que más que opinión pública se genere publicidad, y que se creen tendencias de cristal en lugar de estilos profundos.

Es más terrible pensar en que las e-girls no son solamente una tendencia inocente sobre la indeterminación de la identidad, sino solo el indicio del cambio hacia un modelo económico del consumo de personas en un sentido mucho más liberal y con restricciones mínimas.

¿Una evolución de las chicas emo o de las “únicas y detergentes”? Tú decídelo, pero sigue manteniéndolas como el simp que eres. 

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